Todo empezó cuando unos amigos estábamos tomando un café en un bar, en Palma. Todos nosotros teníamos en común que, de alguna manera, nos dedicábamos a algún aspecto relacionado con la tecnología, aunque no todos de la misma manera: unos éramos más de programación de software y otros más de desarrollo de aspectos gráficos.

Pasó eso que pasa con las conversaciones. Una cosa lleva a otra y surgió el tema de Android. En mi caso, hace ya un tiempo que investigo y hago alguna cosilla para Android y cada vez aumentaba mi fascinación por esta plataforma. En un momento dado, uno de los amigos soltó una pregunta que, sin saberlo, fue el detonante de todo lo que ocurriría después:

¿Pero tú qué quieres hacer en Android?

Le contesté algo que me rondaba por la cabeza hacía ya una temporada: Quiero programar un videjuego para Android. Sólo por aprenderlo, aunque no tenga un aspecto gráfico decente, ya que yo no tengo “mano” para el dibujo.

Después de un breve silencio, ocurrió que aquel grupo se dio cuenta que si se unían de forma amistosa podría disfrutar creando un videojuego para Android. Además vieron que encajaban muy bien, ya que todos juntos, cubrían las disciplinas más importantes: programadores, analistas y especialistas en gráfico. Bueno, todas no. Nos dimos cuenta que nos faltaba algo muy importante: alguien que pusiese la parte de audio. Después de pensarlo un poco, uno de los asistentes comentó tener un amigo al que le encantaba todo lo relacionado con el audio, y quedamos que le comentaría si estaría interesado en formar parte.

Ya no nos faltaría nada más. Nada más porque el factor común a todos nosotros lo teníamos de sobra: el entusiasmo, una motivación materializada en un reto.

De aquella breve, pero intensa, conversación surgieron puntos importantes:

  • Nos dimos cuenta de la importancia de tener “quedadas” periódicas para evitar la muerte prematura del proyecto. Para ello nos fijamos quedar al menos una vez a la semana, ya fuese en persona o vía videostreaming. Era necesario mantener viva la llama.
  • No pusimos como tarea para la siguiente quedada definir dónde almacenaríamos el progreso del proyecto, tanto en su documentación como el código.

Y así fue la primera quedada. Si tuviese que definirla con una única palabra diría que fue “Apasionante”. Esa misma tarde llovieron mails entre todos nosotros enviándonos links de recursos, ideas y muchas otras informaciones de interés.

No hay nada como la motivación.

Via | TutorLab.es